Las rosas.

 

Querida María Rosa.

Recibí su cata y la leí una y otra vez.

He pasado tantas cosas que ahora, a mis tantos años, he de ver el milagro de mi rejuvenecimiento. Que usted consiga esto, con nuestra casa, está fuera del alcance de mí entender. Pero el caso es que es así.

Pronto llegará el verano, se nota en el olor y en la luz. Las tardes ya son largas de verdad. Los rosales están espléndidos y generosos. He visto que una señora, una huésped de la casa,  ha cortado delicadamente una rosa y me acordé de mi madre. Las cuidaba y hablaba. Mi madre se llamaba, además, Rosa. Tenía un rosal junto a un murillo que separaba nuestra humilde casa del huerto. Acostumbraba a arranca algunas i adornar la casa al tiempo que la perfumaba.

Mi tía Elia hacía unos ramos preciosos. Se la conocía por ello. Juntaba las rosas con hierbas y hasta cardos, hacia unos lazos de hojas verdes y las ofrecía como regalos. Mi tía Elia y mi madre Rosa. La tía Elia vivió con nosotros cuando enviudó siendo yo muy niño. Tenía hijos y supongo que los nietos de éstos deben andar por ahí. También los parientes de mi padre han de haber sobrevivido a los avatares del tiempo. Yo tenía primos de ese lado también.

Un día usted me los buscará, ¿Verdad? Me ayudaría si lo hiciera, me haría sentir más cercano, menos ausente.

Me quedaré esperando su próxima carta. No se tarde, ya sabe que siempre la espero.

 

Jesús Millares, Doñano

Una rosa,del jardín de Casa Doñano

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Diálogos

A finales del siglo XIX, Jesús Millares, un joven de 14 años marcha a Cuba desde su tierra natal, Vilela, en Galicia, en busca de mejor fortuna.

Muchos años más tarde, ya en su madurez, regresa a la aldea adquiere un extenso terreno y construye, como tantos indianos de la época, una casa grande. En ella invierte parte de su fortuna y toda su ilusión. Al pueblo llega con “La Mulata”, una cubana que causa, como mínimo, estupor y ruboriza a las gentes del lugar.

Jesús Millares va y viene de Cuba a Vilela, una vez al año. Por eso acaba siendo conocido por el mote “Don Año”, en gallego “Don Ano”. La casa será conocida desde entonces como Casa Donano.

Entrado ya el siglo XX, con la casa terminada, Jesús Millares fallece, sin hijos, en La Habana. Sus parientes y "la Mulata" heredan la casa y las tierras.  Con los años y los avatares de los tiempos difíciles, las guerras y otros errores, acaban partiendo el lugar y malvendiendo la casa. Es adquirida primero por unos, luego por otros.

En 2006, una catalana de Barcelona, María Rosa Fisas, que también es indiana caribeña, esta vez por Venezuela, conoce la casa y su historia y se enamora de ella. La adquiere, ya reformada y transformada en el actual hotel. María Rosa le imprime entonces su personalidad coincidente, el tono y el color del Caribe. María Rosa ama La Casa igual que la amó Jesús. Ambos son indianos, ambos fueron capaces de convertir esas fantasías en sueños, esos sueños en ilusiones, esas ilusiones en proyectos y esos proyectos en realidad.

La Casa, es un eje que une a Jesús y a María Rosa, pero no el único.  Ambos son indianos, ambos caribeños, lo que Jesús le debe al carbón, con el que hizo su fortuna, María Rosa se lo debe al  cobre, negocio con el que está vinculada generacionalmente.

Este blog es un homenaje a los sueños que se convierten en recuerdos.  Es un homenaje a aquellos que con su perseverancia, su esfuerzo, su ilusión perpetua, convierten la historia en leyenda,

Trata de unas cartas imaginarias, escritas por los protagonistas, Jesús Millares y María Rosa Fisas, formando un diálogo emocional sobre aquello que les une. La casa, su vida, sus orígenes, sus ilusiones compartidas, sus proyectos, sus compañeros de viaje los huéspedes de Casa Doñano.

Bienvenidos.

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