Al fin encuentro unos minutos para contarle, aunque brevemente, cómo van las cosas por aquí, por este tiempo.
Ya damos por terminada la temporada de verano. Han sido muchos, cientos, los pasajeros de la Casa que han disfrutado de desayunos, almuerzos, cenas, paseos, charla, tertulia y cama.
Este veranos no he podido hacer todo lo que quería, la mala pata de ese quiebro en el día de San Juan quiso limitarme la movilidad, pero ya ve que “la cuadrita” ha sido mi refugio y el de mi silla de ruedas, ya abandonada afortunadamente.
También han sido muchos los que han preguntado por usted. Ya les he explicado yo que usted anda también de ferias y viendo el mundo desde allí donde usted lo ve. Todos disfrutan con sus historias y leyendas, participan en la Casa de sus cosas viéndolas y tocándolas, como si fueran juegos.
Le echo de menos, me gustaría que de nuevo compartiera usted conmigo y con los que nos leen estos relatos lejanos y divertidos con los que nos entretiene de vez en cuando. No tarde mucho en contestarme y en ampliar ese catálogo de leyendas suyas por favor. Ahora vivo la ilusión de que va a llegar el hermoso otoño con esos colores y olores cambiantes que cada día nos va a regalar esta tierra. El otoño está vivo y se nota por eso, porque cada día es de un color y un olor nuevo. El otoño es para olvidar el amor de verano.
Le estoy esperando. No se tarde tanto.
María Rosa

El otoño es para olvidar el amor de verano.
