Mi querida Señora María Rosa.
Su carta del otro día me ha dejado con las ganas de saber más. Le aviso que en estos días he hecho uso de mi memoria y ahora le voy a relatar algunos datos de gentes que se me vinieron a la cabeza en el ejercicio de recordar. Me siento inquieto con la memoria, no por no tenerla, sino porque al usarla recojo y me recreo en ella, me inquieta descubrir lo que ya sabía y tenía en un cajón olvidado. Es por eso Señora mía, que me inquieto, me retraso porque me acelero. Y no me atrevía a insistirle para que usted se inquietara y se acelerara porque a usted no le puedo pedir que se retrase viendo lo que tiene de trabajo atendiendo a tanta gente.
Yo recuerdo de sobrinos al menos cinco. Algunos varones y otras mujeres. Les dejé por escrito y en una notaría de La Habana, las instrucciones precisas para que actuaran según mi voluntad en el momento preciso de mi falta perpetua.
Si busca en documentos, de notarios y otros registros, encontrará sus nombres y quizás sus señas. Sería importante que lo hiciera pronto, porque yo no me resigno a saber que fue de esa gente que si bien, no puedo decir que amé, porque apenas conocí, si aseguro aquí que me importaron lo suficiente para considerarlos muy queridos.
De todos supe alguna cosa por cartas y en las visitas que hice a la Casa cada año que pude, que fueron bastantes, pero ya le avisé que cuando iba, me iba. Porque siempre noté el comentario, la comidilla y un nosequé que me incomodó la visita. Eran cosas de ese tiempo, de poco saber comprender o de no querer hacerlo o yo que sé. Pero mis visitas con Ygnacia fueron siempre para casi todos ellos la visita “del Indiano y su Mulata” y supongo que no hará falta que me extienda en lo que le quiero hacer suponer.
De todos modos los jóvenes sobrinos veían estas cosas distinto, se acercaban a mi para solicitarme cuentos de la Habana, aventuras, y algún dinerillo fácil dado por cortesía, por presumir de tenerlo o porque sí.
Yo le quiero pedir, Señora María Rosa, que no se tarde en el encuentro de mis parientes ya lejanos. Que no es capricho mío querer saber de ellos sino necesidad de estar con ellos. Porque, como siempre le digo, sabiendo, acabaré estando. Y eso para mí quiere decir existiendo.
Espero sus prontas noticias. Desde aquí se lo ruego.
Jesús Millares.

0 Respuestas a “Me ha venido el dato a la memoria.”