Querida Doña María Rosa.
Vuelvo a ser víctima del ansia. He estado paseando por todas partes y no consigo apartar mi mente de las intenciones que usted me anunció en su última carta del martes.
Ahora, que es por la tarde, mis recuerdos se dirigen a los sobrinos que tuve en vida y creo que su esfuerzo debería dirigirse a encontrar sus descendientes, mi hermana se llamaba Fátima y, al contrario que yo, ella sí tuvo hijos. Se lo indico porque creo haría bien en empezar por ese dato.
Yo creo que ellos deben andar por Ribadeo o cualquiera de sus aldeas porque nosotros, los Millares, siempre fuimos gente de echar raíces y sin muchos movimientos.
Cuando yo marché fui el único de nosotros que lo hizo. Y causó sorpresa el atrevimiento porque es eso que le digo , que con regularidad habíamos hecho nosotros, los de la familia Millares, quedarnos en nuestro sitio, trabajarlo, hacerlo grande y dejarlo mejor para destino de hijos y nietos.
Estoy ansioso ya de recibir noticias suyas con datos de estos parientes que aunque ya sean lejanos en el tiempo, pues habrán pasado más de cien años o casi desde que vi a alguno de los míos, los siento como si me fueran contemporáneos.
Uno se queda pensando que, tal vez, si los encuentra usted, ellos serán los resucitados para mí al igual que yo para ellos. Es una curiosidad, ¿Verdad?
La dejo con sus quehaceres sin más entretenimiento por mi parte. Cuídese mucho Señora María Rosa y siga como siempre que así me gusta mucho.
Quedo a la espera de sus noticias, siempre las espero.
Jesús Millares.

0 Respuestas a “Ansia.”