Querido Jesús
Ahora cuando llega el cartero es diferente porque espero sus cartas. Reconozco este sobre y esta letra, diferente a todas los demás y cuando lo veo sonrío. Es la carta hecha a mano, escrita con letra clara y limpia, es muy distinta.
Cuando llegó tu última carta, la de Las Rosas, estaba regando el jardín y disfrutando de un merecido rato de calma después de muchos días de trajín diario y de atenciones a los huéspedes que llegan ansiosos por conocer tu tierra, ahora “nuestra tierra” desde todos los países. Pero cuando llega tu carta mi corazón se emociona y no puedo dejar de abandonar lo que en ese momento esté haciendo para abrir el sobre y empezar a preguntarme qué me has escrito hoy…
¿Sabes? Sentí mucha melancolía en tus palabras y de repente me puse también nostálgica. Cuántos recuerdos, cuántas historias y cuánta vida vivida ¿verdad? Cuántas palabras, cuántos pensamientos sin haber sido descubiertos, o entendidos… Cuántos secretos… Y cuántas coincidencias.
La primera vez que me alojé en Casa Doñano, como huésped, ya me interesé por su historia, que me pareció fascinante. Luego, cuando llegué como propietaria pregunté por la aldea y en Ribadeo por tus parientes, algunos me dijeron que sí, que algunos quedaban por la zona, otros me dijeron que no o que no sabían.
Ahora, que me lo has pedido, lo averiguaré. Tengo algunos documentos que me hablan de ti, algunas referencias que a mí me parecen pistas para encontrar a los descendientes de tus primos. Buscaré y pediré ayuda para satisfacer tu deseo.
Como siempre, las labores propias de mi trabajo, que es atender a los huéspedes de Nuestra Casa, me obligan a interrumpir esta carta. Me quedaré esperando tu respuesta para un día en que llamará el cartero, sonreiré y volveré a sentarme para leerte despacio y atentamente.
Te informaré pronto. No tardaré.
María Rosa

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